10 de julio de 2009

Se mira plenamente, hasta que el espejo se vacío de su imagen, se vacía para quedar a solas en el retrato inmóvil que parece que debe volver a ser se esos retratos solitarios, esos retratos donde no lo vemos más que a él.

Toma lentamente cada elemento que compuso la imagen que se quiso marchar y se encuentra con ellas entre sus manos, sus piernas, su pecho, su garganta. Sus ojos no, sus ojos aun siguen ciegos por el agua, que aun no loran reconocer ese espacio que quedo. Puede que aun quiere reconocer su cuerpo complementado, mientras el resto se retuerce en el espacio que en algún minuto ocuparon dos.

Cada instante toma el doble tiempo que había hecho sentir el cuerpo ausente, para que el nuevo tiempo tenga que afrontar el tiempo multiplicado en ausencia.
Son ya dos huecos los que quedan en aquel rincón, el que dejo ella y el que el no fue capaz de dejar, donde aún queda el recostado esperando que los milagros existan, aunque el pobre sabe que los guiones tienen final y el guionista se canso de él en esta historia. Pasa a ser un personaje secundario que busca un puesto en el casting principal.
Es que el cielo parece que quiere volver a ser estrellado, quiere volver a ver galletas de chocolate y lecturas inconclusas, que ambos dejaron en el pasto reposando por más.
El, llenándose de palabras busca la manera de apropiarse de su propia existencia que ya no es capaz de abastecerse por si mismo, buscando en el recuerdo el liquido que llena el estanque a punto de resecarse bajo el sol de julio que alumbra mucho más que lo que nombran en los diarios.

Hoy solo queda tomar cada rincón de esa esquina y buscar con que imágenes llenarlo, ya que el vacio no es la opción para él, no ahora, ni hoy.

5 de julio de 2009

Rabo de nube
(Silvio Rodríguez)

Si me dijeran pide un deseo,
preferiría un rabo de nube,
un torbellino en el suelo
y una gran ira que sube.
Un barredor de tristezas,
un aguacero en venganza
que cuando escampe parezca
nuestra esperanza.

Si me dijeran pide un deseo,
preferiría un rabo de nube,
que se llevara lo feo
y nos dejara el querube.
Un barredor de tristezas,
un aguacero en venganza
que cuando escampe parezca
nuestra esperanza.